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De la crisis sanitaria a la del empleo

La crisis económica que estamos viviendo tiene un componente fundamental: el desempleo, el cual ha sido analizado desde diferentes perspectivas que apuntan a una situación inminente: mayor inequidad y más pobreza. Los datos son concluyentes y peculiares, aunque nos recuerden crisis anteriores, por lo que debemos tenerlos presentes ya sea que estemos del lado del empleado o del empleador.

 

En enero de este año el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Tendencias 2020 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mostró que el número de desempleados aumentaría en alrededor de 2.5 millones en 2020. Destacó que el desempleo mundial se ha mantenido relativamente estable durante los últimos nueve años, pero la desaceleración del crecimiento económico significa que mientras a nivel mundial la fuerza de trabajo incrementa no se están creando suficientes nuevos empleos para absorber a los que se incorporan al mercado laboral. Situación totalmente cierta y también agravada debido a las políticas de confinamiento por el Covid-19 que se tomaron en diversos países, incluido México, y que provocan que la tasa de desempleo, al menos en América Latina llegue a 11.5% al cerrar 2020.

 

En el informe Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Oficina para el Cono Sur de América Latina de la OIT, se menciona que la situación por el coronavirus redundó en la interrupción de las actividades económicas a una escala nunca antes vista a nivel mundial, por lo que los países de la zona que analiza deberán enfrentar grandes caídas de su Producto Interno Bruto (PIB) con importantes consecuencias en sus mercados laborales en un contexto de debilidad y vulnerabilidad macroeconómica.

 

En este contexto, el reto para una reactivación productiva en el escenario posterior a la pandemia es mayúsculo, al punto que muchos lo comparan con la crisis de 2008-2009, así como con la Gran Depresión de 1929 con caídas del PIB de más del 10% anual y aumento (como ya lo hemos visto) en las tasas de desempleo, además de salarios e ingresos a la baja en el marco de un ciclo económico de un largo estancamiento evidenciado por el PIB de 2019 que fue 2.6% inferior al de 2011.

 

En el Informe sobre el trabajo en el mundo 2009. Crisis mundial del empleo y perspectivas de la OIT se expuso que en aquel año la crisis del empleo era mucho mayor de lo que las cifras de desempleo sugerían; se destacó que desde que se inició la crisis financiera en octubre de 2008 se habían perdido al menos 20 millones de puestos de trabajo y unos 5 millones más de personas corrían el riesgo de perderlo en los 51 países de los cuales dispone de datos la OIT.

 

Resaltó el hecho de que, en ese entonces, las empresas habían mantenido empleados a millones de trabajadores, en general, gracias a la ayuda gubernamental; también que las etapas iniciales del despegue económico comportarían escasa creación de puestos de trabajo por el tiempo que suelen tomar las decisiones de contratación.

 

Línea tenue

 

Si bien, el origen de la crisis de hace más de una década es diferente al de la actual, pareciera que en términos de desempleo la línea entre ambas crisis se difumina y, por lo que respecta a México, pronostica un escenario poco alentador. El economista Jonathan Heat, Subgobernador del Banco de México, ha abordado el tema del empleo; su visión merece atención ya que lo aborda desde la perspectiva de desempleo abierto, desempleo disfrazado y subempleo que en conjunto arrojan cifras destacables.

 

La primera Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) que presentó el Inegi el 1 de junio reveló que 12.5 millones de personas perdieron su empleo en abril, de acuerdo con Heath, “si los 12.5 millones se hubieran quedado en la Población Económicamente Activa (PEA), es decir, activos buscando trabajar, la tasa de desempleo de abril hubiera sido aproximadamente de 24.7%. Así de grave”.  Agregó vía Twitter que “… La ETOE confirmó que en abril se perdieron 2.1 millones de empleos formales versus 10.4 millones de informales”.

 

Al inicio de julio, Heath comentó que a pesar de que la tasa de desempleo abierto en México solo aumentó a 4.7% en abril vs. 2.9% en marzo, el país enfrentaba una crisis laboral sin precedente ante un aumento descomunal en el desempleo disfrazado (personas clasificadas como inactivas pero disponibles) y en el subempleo. “Si juntamos las tres categorías (desempleo abierto, desempleo disfrazado y subempleo) en lo que comúnmente llamamos la brecha laboral, llegamos a una tasa de 50.6% de la fuerza laboral potencial para ese mes. Para referencia, la brecha en marzo se ubicaba en 20%”.

 

En este escenario el Banco de México prevé que la recuperación económica genere un rebote en los indicadores de empleo, pero este podría ser lento. Por su parte, en el estudio ¿Cómo proteger los ingresos y los empleos? Posibles respuestas al impacto del coronavirus (Covid-19) en los mercados laborales de América Latina y el Caribe, del Banco Interamericano de Desarrollo, se menciona que la pérdida de empleos formales puede afectar las posibilidades de recuperación económica, pues su destrucción conllevaría a menores contribuciones al fisco y una pérdida de poder adquisitivo que contraería la demanda, por lo que, “es fundamental apoyar el ingreso de los trabajadores, en especial de los más vulnerables, que no tienen aseguramiento ni activos para mitigar los efectos de la crisis y que, una vez [que] se reactive la economía, tendrían mayores dificultades para reincorporarse al mercado de trabajo”.

 

Sin duda son tiempos difíciles, pero es tarea de todos contribuir a menguar la situación. En la Asofom estamos conscientes de este contexto y sabemos lo importante que es el capital de trabajo para seguir en la nueva normalidad, por ello las Sofomes pertenecientes a la Asociación ponemos los recursos financieros al alcance de las entidades productivas. La liquidez es la clave para reducir la brecha laboral.

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